Ver el mar por primera vez tiene algo de mágico. Y este fenómeno se vuelve aún más mágico cuando ocurre con un bebé. Hace poco tuvimos la suerte de llevar a nuestro hermano pequeño Nicholas al océano, y la felicidad de sus ojos no tenía precio. Mientras contemplábamos el baile de las olas y sentíamos el suave roce de la brisa marina, era evidente que Nicholas también estaba fascinado por la inmensidad y la belleza del océano. Su risa inocente y sus ojos abiertos de asombro llenaron el aire, creando un recuerdo
que atesoraremos para siempre. Parece que nuestro hermano pequeño comparte nuestro amor por el océano, y nos alegra el corazón pensar en las muchas aventuras en la playa y días llenos de aire salado que nos esperan. El entusiasmo puro de Nicholas reflejaba el nuestro, recordándonos la alegría que se puede encontrar en los momentos más sencillos. La introducción de Nicholas al océano fue un hermoso capítulo de nuestra aventura juntos. Su felicidad ese día fue un recordatorio de alegría,la curiosidad y el asombro que despierta el mundo, especialmente cuando lo experimentamos juntos. Estamos deseando vivir futuras aventuras junto al mar con Nicholas, donde su amor por el océano pueda seguir creciendo y donde podamos atesorar juntos recuerdos que durarán toda la vida. Está claro que nuestro hermanito está listo para dar la campanada en el mundo, ola a ola.