A los 18 años, la vida de Alina dio un giro inesperado: dio a luz a su primer hijo, fruto de un traslado a otro barrio y de un tumultuoso romance con Peter. Un año antes, los padres de Alina la habían trasladado a otro colegio, esperando un entorno más estable. Pero fue allí donde se enamoró de Peter, conocido por su pasado disfuncional y su falta de ambición. Su relación se desarrolló rápidamente, y cuando Alina se quedó embarazada, Peter le propuso matrimonio. La pareja se casó, a pesar de las objeciones de los padres de ella.
El matrimonio duró poco: la incapacidad de Peter para adaptarse a la vida familiar le llevó al divorcio al cabo de cuatro años. Alina, ahora madre soltera y enfermera de profesión, vivía con su hija en un apartamento proporcionado por su antigua suegra, que siempre la había apoyado.
A pesar de tener novios, la vida personal de Alina seguía siendo difícil, ya que era incapaz de encontrar a la persona adecuada. Años más tarde, mientras trabajaba como enfermera en un hospital local, Alina conoció a Vladyka. Su relación floreció, pero Alina dudaba en comprometerse, dada su hija adolescente y su amor por la libertad. Pero al final se fueron a vivir juntos y pronto esperaron un hijo.
de su segundo hijo. Sin embargo, el segundo embarazo de Alina fue difícil. Tras el nacimiento de su hijo, desarrolló una inexplicable hostilidad hacia Vladik, lo que llevó a su separación. El hijo de Alina, que creció con su apellido, mostró una extraordinaria aptitud para la informática, reflejo de las habilidades de su padre.
Años más tarde, reflexionando sobre la historia, Alina se dio cuenta de que el repentino cambio en sus sentimientos podría haber sido causado por la depresión posparto, una enfermedad que aún no se comprendía del todo. A pesar de todas estas dificultades, el hijo de Alina triunfó, asegurándose un futuro en una prestigiosa universidad técnica.