Otra vez ese olor. El repugnante olor a cuerpo rancio, alcohol y tabaco. Persiguió a Yulka siempre y en todas partes durante meses y meses.
El nauseabundo hedor la sacó de su rutina, le robó sus últimas fuerzas, la hizo perder el equilibrio. De nuevo unas manos demacradas con tierra bajo las uñas se acercaron a Yulka, de nuevo oyó una risita desagradable, de nuevo se sintió pesada, tan pesada que le era imposible respirar, como si una losa de piedra hubiera caído sobre el pequeño pecho de Yulka, que parecía un pájaro. Le faltaba el aire, intentó gritar, pero no pudo: la losa presionaba, presionaba, presionaba….
Y se despertó. Los rayos del sonriente sol de verano brillaban a través de la ventana. Una brisa fresca agitaba suavemente la cortina de tul y el olor a tortitas fritas y café llegaba desde la cocina. Así que mamá se había despertado hacía rato, había preparado el desayuno y estaba tomando café recién hecho con nata.
Yulka no quería café en absoluto. Pero antes no podía vivir un día sin su bebida favorita. Ahora no le apetecía en absoluto. Era bueno que el olor no le diera náuseas, ya que le daban náuseas el hígado frito, el pescado, las chuletas… En general, a Yulka le daba náuseas todo. Y sólo podía comer manzanas. Manzanas de todo tipo: Antonovka, Ranet, miel, rayadas de otoño… Kilogramos, cestas, a todas horas y durante todo el año.
La criatura que se instaló en el estómago de Yulka prefería sólo esta fruta. Por eso, en casi nueve meses, Yulka se había convertido en una absoluta piltrafa. Flaca, con ojeras azules, con brazos y piernas delgados, con una barriga redonda de embarazada, Yulka parecía una chinche chupadora. O un mosquito.
“Punto, punto, pepino: ése es el hombrecito”.
No es divertido.
Yulka se levantó de la cama. No tenía ganas de levantarse. De buena gana se quedaría dormida – por la mañana las pesadillas se disuelven, y las náuseas no son tan dolorosas, pero… mamá no permite que se duerma. Piensa que por dormir demasiado las hinchazones de Yulka acabarán por completo con su débil organismo. Yulka debería pasear al aire libre, es bueno para el futuro bebé.
Mamá está muy encariñada con la criatura que se mueve en el vientre de Yulka: se preocupa por ella, la inquieta, recorre el mercado en busca de los bebés más frescos y llenos.
